DzActiviste.info Publié le ven 7 Juin 2013

Argelia busca un sucesor al enfermo presidente Buteflika

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Con un jefe de Estado de 76 años hospitalizado desde hace más de un mes en París, del que no se ha visto una imagen durante su convalecencia, Argelia prepara ya la era post-Abdelaziz Buteflika en el país más poblado y con más peso económico del Magreb, sobre el que la llamada primavera árabe pasó de puntillas.

Antes de padecer un ictus y de ser trasladado de urgencia, el 27 de abril, al hospital Val-de-Grâce, Buteflika acariciaba la idea de solicitar un cuarto mandato presidencial, a partir de abril del año próximo, pero ahora hay serias dudas de que pueda acabar el actual, que expira en diez meses. De sus 14 años al frente de la República, los argelinos guardan ya el recuerdo de que supusieron la pacificación del país.

Buteflika fue aupado al poder en 1999 por la jerarquía castrense, que buscaba una figura civil de prestigio para dar una nueva imagen de Argelia tras una guerra civil larvada, en los noventa, entre el Ejército y los islamistas que se cobró unos 200.000 muertos. Pero el veterano político maniobró hábilmente para recortar en su provecho parte del poder que ostentaban los militares.

¿Quién decidirá ahora quién sustituye a Buteflika? “El DRS [servicio secreto militar] sigue siendo la columna vertebral del sistema, especialmente en lo concerniente a la designación de los más altos cargos del Estado, pero no es el único”, explica Mohamed Hennad, profesor en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas de Argel. El general Mohamed Médiene, de 74 años, apodado Toufik, dirige el DRS desde 1990.

A Toufik se le añaden, según Hennad, “algunos generales con peso como los jefes de Estado Mayor y de las regiones militares”, así como la “familia revolucionaria”, es decir, civiles que jugaron un gran papel en la guerra de independencia contra Francia, pero todos de edades muy avanzadas. Por último, han irrumpido los “lobbies cuyo peso no para de crecer gracias a la privatización” de una parte de la economía.

Entre toda esa oligarquía deben encontrar “el rara avis”, recalca Pierre Vermeren, profesor de historia del Magreb en la Universidad de la Sorbona de París. “Debe ser compatible con las fuerzas islamistas moderadas; los nacionalistas, el expartido único Frente Nacional de Liberación; contar con el visto bueno del servicio secreto; de la cúpula militar; apaciguar a los círculos económicos emergentes; llevarse bien con París y con Washington y saber dirigirse al pueblo”, concluye recopilando los requisitos.

¿Hay liberales entre aquellos que, detrás de las bambalinas, ejercen el poder? “Tiendo a pensar que sí, que hay demócratas", responde Hennad. “Está en el orden de las cosas de lo que sucede en Argelia desde 1988 y de la reciente dinámica regional y mundial”, prosigue. “Se dice que el DRS cuenta con un buen número de intelectuales, entre ellos algunos oficiales que seguramente pasaron por mi escuela”.

Acaso aún asustados por el baño de sangre con el que acabó, en 1992, su incipiente experiencia democrática, el grueso del pueblo no parece, por ahora, ansioso de conseguir más libertades. Prueba de ello fue la escasa afluencia a las manifestaciones de 2011 coincidiendo con la revolución tunecina. Pero los argelinos sí están hartos de los cortes de luz, de agua y anhelan conseguir un trabajo, una vivienda, una sanidad digna y acabar con la corrupción endémica de la que se hace eco la prensa.

Las protestas sociales —con sus manifestaciones, sentadas, apedreamiento de edificios públicos, huelgas— son continúas en todo el país. Aquellos que las protagonizan “piden su parte del maná de los hidrocarburos porque creen que los que mandan ya se han servido en abundancia”, explica Hennad. “Las autoridades les dan, a grandes rasgos, satisfacción so pretexto de que la paz social no tiene precio”, añade.

“El problema es que a la larga esas reivindicaciones serán imposibles de satisfacer”, vaticina Hennad. “Ese día se coaligarán de un extremo a otro del país para convertirse en una fuerza política”, concluye. “La sociedad argelina es un volcán”, escribe Zoubid Arous, profesor de Sociología de la Universidad de Bouzarea. “Todos los ingredientes de una deflagración están reunidos”.

A sus acostumbradas protestas se añade ahora la irritación de los argelinos por la opacidad que rodea la salud del jefe del Estado. “El pueblo quiere ver al presidente”, titulaba en portada el diario popular Al Khabar recogiendo el sentir popular.

Imperturbables, los dirigentes de Argelia, empezando por el primer ministro, Abdelmalek Sellal, multiplican las declaraciones apaciguadoras sobre la “constante mejoría” de la salud del presidente, sin dar nunca detalles.

Enrico Macias, un célebre cantante franco-argelino, de 75 años, que le visitó en el hospital militar, declaró a continuación al diario catarí Al Arab que su estado era “grave” hasta el punto de “no poder hablar”. Días después se desmintió a sí mismo.

Buteflika ya fue operado de urgencia, en 2005 en París, de una úlcera sangrante —entonces sí se le vio en televisión a los pocos días— pero la Embajada de EE UU en Argel sospechaba más bien, según señaló en algunos telegramas desvelados por Wikileaks, que padeció un cáncer de estómago. Ahora se le ha añadido el ictus que, según fuentes argelinas en París, merma su movilidad y su capacidad de hablar.


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